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En Tributo el fuego habla, el equipo se mueve “como un box de Fórmula 1” y la carne manda… pero también hay hueco para un aguacate a la brasa que enamora a vegetarianos. Charlamos con Jorge Macías sobre el servicio, platos que definen su esencia y, sobre todo, la calma que han ganado al gestionar el efectivo con Loomis Pay: nada de cargar bolsas al banco ni preocuparse por la caja al cierre.
Pues yo le diría que de cabeza, porque tienes una sensación de tranquilidad. No tienes que estar haciendo retiradas de efectivo, ir cargado con dinero, ir a ingresar al banco ni nada. Es decir, sabes que lo metes ahí y ya puede venir alguien a pegarte el palo, que le puedes decir: “Llévate la caja si quieres... A ver si puedes.”
Entonces, un poco fuera de coñas, es mucha tranquilidad a la hora de no tener que mover y cargar el dinero e ir a un cajero a ingresarlo, porque te puede pasar cualquier cosa... simplemente esto: tranquilidad.
Después de un sábado noche, el fuego diría: “¡Apáguenme cuanto antes, que necesito irme de juerga a por una cerveza bien fría!”
Aquí, a Tributo, vienen muchos vegetarianos y veganos, que muchas veces dices: “¿A Tributo precisamente?” Pero bueno, los sorprendería con aguacate a la brasa con pico de gallo y burrata ahumada al josper por encima.
Yo creo que sería una película de acción. Hubo una vez un comentario de un cliente que dijo que el servicio parecía como un equipo de Fórmula 1 cambiando neumáticos, pues el equipo funcionaba igual.
Quién viene a Tributo viene a comer carne. Yo creo que un buen chuletón nos representaría perfectamente en este caso; si no, como equipo, pues el bacalao en costra de alioli de miel y pisto casero dulce que hacemos, que lleva toda la vida con nosotros. O, si no, algo tan simple como la ensaladilla rusa de merluza de pincho y gamba.
Se respira hondo y se le pregunta: “¿Tipo zapatilla?”
O se le dice: “Caballero, yo se lo voy a sacar al punto y, después, si usted quiere que se lo pasemos a más, ya será bajo su responsabilidad.”
Yo prefiero sacársela poco hecha, que a tiempo de arreglarlo siempre estamos.
Entre chuletones, bacalaos en costra y ensaladillas de siempre, Tributo demuestra que la alta intensidad del servicio puede convivir con la tranquilidad operativa. Con Loomis Pay como aliado, el efectivo deja de ser un riesgo y el equipo puede centrarse en lo que mejor hace: cocinar, servir y sorprender. Porque cuando la caja deja de dar guerra, el fuego puede irse “de juerga” tranquilo… y el restaurante también.