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The Flower Experience: pasión floral y experiencia de compra

Peonías “influencer”, ramos con alma de película y una floristería convertida en punto de encuentro: Ana Gálvez muestra cómo The Flower Experience florece cada día con pasión y creatividad.
Libro blanco de la hostelería jun. 24, 2025

 

Pocos negocios respiran su propia esencia como The Flower Experience, el estudio floral de Ana Gálvez en el que cada ramo cuenta una historia y cada aroma invita a quedarse un rato más. Desde la primera entrega de cajas al amanecer. Ese instante de calma en el que observa pétalos, tallos y texturas con detenida devoción, hasta la última venta del día, Ana vive rodeada de flores.

 

En esta entrevista descubrimos cómo la filosofía del diseño floral francés, el influjo de Desayuno con diamantes y la banda sonora de Amélie conviven con la frescura mediterránea de un ramo “Mamma Mia”, cuáles son los colores que más palpitan en la tienda y por qué una simple peonía podría ser la influencer más codiciada de Instagram. También sabremos qué hace que un cliente vuelva, qué consejo da Ana a quien sueñe con abrir su propia floristería y por qué aquel primer euro de venta sigue siendo su objeto más preciado.

 

P: ¿Qué flor crees que mejor representa tu personalidad y por qué? 
 

Mi momento favorito del día es cuando llega la flor, por la mañana, bien temprano, sobre las ocho. Estoy sola, en calma, y recibo esas cajas maravillosas que puedo abrir y colocar con cuidado, sin prisas y sin interrupciones. Me tomo mi tiempo para observar cómo ha llegado cada flor y disfrutarla. Porque, claro, por la tarde, con las prisas y la llegada de los clientes, ya empezamos a manipularlas y se pierde esa tranquilidad. 

 

P: Si tu floristería tuviera banda sonora, ¿qué canción sonaría de fondo todo el tiempo? 
 

Sin pensarlo dos veces: música francesa, Carla Bruni y la banda sonora de Amélie. La inspiración para esta floristería —su estilo, su filosofía— viene en gran parte del diseño floral francés, algo que llevo muy dentro, en el corazón. 

 

P: Si The Flower Experience fuese una película, ¿cuál sería? 
 

Para mí sería Desayuno con diamantes, porque es una película llena de fantasía, donde una persona lucha por superarse cada día. Además, es una película con un diseño muy cuidado, y eso representa perfectamente el espíritu de Flower Experience. 

 

 

P: ¿Cómo decides qué flores poner en el escaparate cada día? ¿Te guías por el instinto, la moda... o el clima? 
 

Es una combinación de todo. Depende mucho de la temporada, y el clima influye bastante porque las flores son muy delicadas. En épocas de calor, por ejemplo, no se pueden colocar flores naturales en la parte exterior del negocio. Siempre hay que encontrar un equilibrio entre varios factores: el diseño, el propósito del escaparate (si está pensado para la venta, como exposición o para un proyecto de paisajismo), el tipo de flor que puede resistir al clima, y por último, la venta, es decir, qué puede atraer la atención del cliente. Para mí, el escaparatismo es casi una ciencia; requiere reflexión y estrategia. No es algo sencillo: se trata de lograr un equilibrio entre esos tres elementos clave. 

 

P: Si una flor pudiera ser influencer, ¿cuál crees que lo petaría en Instagram? 
 

Sin duda, la peonía. En especial la peonía floral, que es la reina de las flores. Cuando llega está muy cerradita, pero al abrirse, es todo un espectáculo. Es pura magia. Tiene el poder de la primavera. 

 

P: ¿Qué consejo le darías a alguien que quiere abrir una floristería... y no morir en el intento? 
 

La única opción es que te apasionen las flores. Que te encanten de verdad, que ames lo que haces... porque cuando trabajas en algo que te gusta, el tiempo vuela. No queremos irnos a casa, no me pesa estar aquí, porque estoy enamorada de las flores. 

Hay momentos maravillosos y otros que no lo son tanto, pero lo más importante es tener paciencia, ilusión y mucho amor por las flores

 

P: ¿Con qué frecuencia los clientes intentan adivinar el significado oculto de las flores que compran? 
 

Los clientes no suelen preguntar por el significado específico de cada flor, pero sí muestran mucho interés por el color. Por ejemplo, para un nacimiento, para expresar amor, alegría o pureza... El azul transmite calma, el rojo representa la pasión, el amarillo la alegría y el rosa el romanticismo. Por eso, el color sí que genera preguntas, porque transmite muchas sensaciones de forma inconsciente. 

El color es algo muy intrínseco, y hay uno que predomina y dice mucho sobre el mundo en el que vivimos: el rojo. Creemos que la sociedad siempre tiene falta de amor, y por eso el color rojo en las flores es el rey. 

P: Si pudieras diseñar un ramo inspirado en una película, ¿cuál sería? 
 

Para mí, las flores representan mi personalidad, por eso elegiría la película Mamma Mia. La frescura, el aire, la naturaleza... Siempre me ha gustado recoger flores en el campo con mi canasto. En cuanto al diseño, inspirado en Mamma Mia, haría un ramo silvestre, fresco, con manzanilla y un estilo mediterráneo, con olivos... eso es lo que me representa. 

 

P: Qué te hace sentir ”hoy fue un buen día en la floristería”? 


Diría que lo más importante es que los clientes se vayan contentos con su ramo, pero aún más alegría me da cuando vuelven, cuando repiten, cuando se quedan. The Flower Experience es un espacio floral, no solo una floristería. Quiero que la gente venga, que se pasee, que se quede conmigo y que se tome un café mientras preparamos el ramo. Me encanta que las personas quieran quedarse, y eso es justo lo que estamos logrando en nuestro estudio. 

 

Siempre que los clientes vuelven con una sonrisa o te envían un mensaje por Instagram o WhatsApp, eso te anima a seguir adelante. Pero, Ana, tampoco podemos olvidar que también nos alegra mucho cuando damos al botón de la caja, porque eso significa que seguimos vendiendo flores, invirtiendo en la tienda, haciendo que cada vez esté más bonita y comprando artículos increíbles para que la gente siga regresando a The Flower Experience. 


P: ¿Cuál fue tu primera venta? ¿La recuerdas? 
 

Recuerdo mi primera venta con muchísimo cariño, porque fue justo cuando abrimos. Nuestro primer cliente fue Víctor, nuestro contratista, quien nos ayudó a crear esta maravilla de estudio. Se llevó un bulbo de jacinto para su mujer, y de hecho tengo una foto de él como nuestro primer cliente. 
 

Recuerdo que costó solo 1€, y Ana aún guarda ese euro como si fuera un talismán. 

P: ¿Cuál es la mejor parte de tener tu propio negocio (además de estar rodeada de flores todo el día)? 


Me pones entre la espada y la pared... pero el aroma de la flor recién cortada es nuestra pasión, y contra eso no se puede luchar. 

 

Tras recorrer el universo sensorial de The Flower Experience queda clara una cosa: la auténtica diferencia entre una floristería y un “espacio floral” está en la pasión inagotable de quienes lo crean. Ana Gálvez combina paciencia, curiosidad y amor sincero por cada tallo para transformar compras rápidas en pequeños rituales que invitan a detener el tiempo, tomarse un café y dejar que el olor de las peonías —o de la manzanilla recién cortada— despierte recuerdos.

 

Su receta para no “morir en el intento” es tan simple como difícil de imitar: trabajar en lo que amas, escuchar a cada cliente y celebrar tanto el instante mágico en que la flor llega fresca por la mañana como el sonido de la caja registradora que confirma que ese sueño, regado con esfuerzo y creatividad, sigue floreciendo día tras día.

 

 

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