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Hay momentos en el día a día de un restaurante que, sin darnos cuenta, se han convertido en algo normal aunque generen tensión, errores o pérdida de tiempo: dividir una cuenta larga, apuntar un cambio de ingrediente a mano, no saber qué plato tiene que salir antes de cocina. Son pequeños agobios que, sumados durante un servicio completo, afectan tanto al equipo como a la experiencia del cliente.
Repasamos seis de estas situaciones, cómo se vivían antes y cómo cambian con las herramientas adecuadas.
Antes: una mesa de 18 comandas pide la cuenta dividida. El camarero hace cálculos mentales, va y viene con el datáfono, y cada persona espera su turno mientras se acumula la cola detrás.
Ahora: con Loomis Pay, dividir la cuenta (por comensal, por artículo o en partes iguales) se hace en segundos, aceptando cualquier método de pago sin moverse de la mesa.
Antes: un cliente pide sin cebolla, otro cambia el acompañamiento. Todo queda anotado a mano en un papel, con el riesgo de que el cambio no llegue a cocina o no quede reflejado en la factura final.
Ahora: cada comanda aparece en pantalla con sus cambios registrados en tiempo real, visibles tanto en cocina como en el ticket, sin depender de que nadie se acuerde de avisar.
Antes: en pleno pico de servicio, nadie tiene claro qué comanda lleva más tiempo esperando. Los platos salen desordenados y algunas mesas esperan más de la cuenta sin motivo aparente.
Ahora: un monitor de cocina muestra las prioridades y los tiempos de cada comanda a la vista de todo el equipo, para que cada plato salga en el momento que le corresponde.

Antes: el cliente pide la cuenta y el camarero tiene que ir hasta la caja a por el datáfono, volver a la mesa y esperar a que se complete el pago, todo mientras otras mesas también reclaman atención.
Ahora: con un datáfono portátil, el cobro se hace directamente en la mesa, sin desplazamientos ni esperas, liberando esos minutos para atender al resto del salón.
Antes: cuadrar la caja a mano al terminar el servicio, sumando tickets y comprobando el efectivo, con el riesgo de que algo no cuadre y haya que revisar todo otra vez.
Ahora: el sistema calcula el cierre de forma automática, con el desglose de ventas y métodos de pago ya listo, reduciendo el cuadre a un vistazo final.
Antes: un cliente que paga con tarjeta y no lleva efectivo encima simplemente no puede dejar propina, aunque quiera hacerlo.
Ahora: el propio datáfono permite añadir propina al pagar con tarjeta, de forma que el equipo no pierde esos ingresos solo porque el cliente no lleve monedas.
Ninguno de estos cambios es espectacular por separado, pero juntos transforman el día a día de un restaurante: menos tiempo perdido, menos errores y un servicio más ágil, tanto para el equipo como para el cliente que está en la mesa.
En Loomis Pay ayudamos a bares, restaurantes y cafeterías a gestionar mejor su día a día con soluciones de TPV, cobros y gestión adaptadas al sector. Contacta con nosotros y te hacemos una demo sin compromiso.